lunes, 2 de diciembre de 2013

Udacity apuesta por la educación vocacional.

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El nombre de Sebastian Thrun estará ligado a la historia de la educación para siempre, gracias al fenómeno MOOC en todo el mundo. Pero lejos de seguir apostando por los cursos masivos del mismo modo que hacen plataformas como Coursera, el hombre que popularizó el concepto quiere darle otra vuelta de tuerca desde su proyecto Udacity.

Lejos de continuar con la apuesta por acercar la educación superior a cualquier lugar del planeta mediante un cambio de formato (abierto y masivo), Udacity comienza a pivotar hacia una educación vocacional, entre otras cosas debido a los pobres resultados obtenidos en el curso de Introducción a la Estadística, elaborados por el propio Thrun, quien reconocía que "desde una perspectiva pedagógica es el mejor trabajo que he hecho".

En palabras del propio creador de Udacity "aspirábamos a dar a las personas un profundo conocimiento, enseñarles algo sustancial... pero los datos son contrarios a esta idea", lo que les llevó a pensar que su producto era odioso.

Dirigiendo la educación hacia el mundo laboral. Una nueva perspectiva de los MOOC.

La respuesta a por qué este y otros MOOCs han estado tan lejos de cumplir las expectativas quizá se encuentre en que, más allá de valorar el producto, los estudiantes valoran su impacto: al final, muchos reducen la educación en la mejor forma de conseguir un buen empleo y sueldo. El giro en la política de Udacity atiende, precisamente, a las necesidades del conocimiento continuo y la integración laboral de los estudiantes.

Pero no nos equivoquemos. Pese a que muchos académicos estaban esperando esta oportunidad para atacar a las nuevas fórmulas digitales de educación, los MOOC siguen en un periodo experimental (recordemos que llevan menos de un año como verdadero fenómeno social). Aun se debe encontrar la fórmula más eficiente de impartir estos cursos, y combinar con las clases tradicionales cuando sea aconsejable. E incluso aun está por descubrir cómo llegar al público masivo.

Sea como sea, y según Jeffrey Yong en su libro Más allá del auge de los MOOC, la mera aparición de esta nueva metodología ha conseguido sacudir conciencias y provocar un interés real de las instituciones por su adaptación digital. Y eso ya puede considerarse en parte como una victoria de los cursos masivos (ver noticia).

En mi opinión, el cambio de orientación hacia cursos con futuro profesional no es sino en parte un reflejo de la realidad social, sacudida por el desempleo o los trabajos precarios, y con una población joven que desea mejorar su estatus. Siguiendo esta reflexión, ¿acaso las universidades no verán  reducidas las matrículas en aquellas áreas con menos salidas profesionales? Apuesto a que sí.

Ver noticia completa en inglés (link) (link 2)



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