jueves, 4 de octubre de 2012

La McDonalización de la educación superior

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La madurez de las universidades a nivel mundial está dando en la actualidad un giro muy importante hacia un proceso de internacionalización que, de entrada, ha pillado de sorpresa casi todo el mundo académico. Es una situación normal si tenemos en cuenta que en Estados Unidos, precursores de la expansión global, las universidades más importantes son entidades privadas. Pero incluso en el caso de las universidades públicas siempre se ha mantenido una vocación por expandirse más allá de los propios campus: publicaciones a nivel internacional, acuerdos entre universidades, acercamiento a instituciones privadas...

En la etapa actual, las universidades comienzan a ver la necesidad de crecer para subsistir. Ya no tanto a nivel físico, pero sí requieren de captar la atención de alumnos de cualquier rincón del planeta, con el fin de no depender de un modelo de negocio/institucional que comienza a agotarse.

Estas y otras reflexiones se recogen en el artículo "MOOC's and the McDonalization of Global Higher Education", en el que se cuestiona la forma en la que muchas universidades, sobre todo, estadounidenses se están abriendo puertas fuera de sus fronteras. En cierta medida, la internacionalización de la educación, personificada en los MOOCs, puede suponer una clara mejora académica para millones de personas que no cuentan con los fondos o la capacidad para acceder a ciertos cursos de un elevado nivel. Pero al mismo tiempo, supone que millones de personas terminen completando un mismo curso, que acaben con los mismos conocimientos, que se centralicen los contenidos... en definitiva, que el carácter masivo termine por perjudicar algo tan importante en la educación como los elementos culturalmente diferenciadores.

En parte, esta reflexión no parece del todo desencaminada, sobre todo si los grandes gigantes de la educación estadounidense terminan por copar los badges más prestigiosos. Pero al mismo tiempo las instituciones de cualquier país del mundo podrán hacer masivos sus cursos para que, por ejemplo, al tiempo que un ciudadano indio aprende con profesores de Harvard, un estudiante estadounidense se matricule en cursos impartidos por los docentes más importantes de alguna universidad de Nueva Delhi.

Independientemente de cómo acabe este proceso de apertura en la educación, lo que no se puede negar es la entrada en una espiral de globalización de la docencia que no tiene marcha atrás.

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